El negocio del silencio

14 de marzo de 2026
Diego Arturo

Diego Hernán Arturo es comunicador social, socio fundador de la cooperativa EME contenidos, militante político y de la economía social.

Messi, Trump y la foto que lo dice todo. En medio de la guerra de Estados Unidos y el sionismo contra el pueblo de Irán en busca de sus recursos naturales y estratégicos, algunos pocos hacen negocios con la redonda con la idea de seguir acercándose al poder para mantener su facturación.

En el mundo del fútbol, Lionel Messi ha sido durante años presentado como un tipo con virtudes: talento inigualable, humildad y un perfil bajo enfocado en la familia y el deporte. Sin embargo, en los últimos tiempos, esa imagen de "chico bueno" se resquebraja para dejar ver lo que muchos sospechaban: un empresario que ha elegido ser un monigote al servicio de los grandes intereses corporativos, un producto comercial de la FIFA y las multinacionales que lo patrocinan.

La última muestra de esta sumisión al poder real ha sido su fotografía junto a Donald Trump. En un contexto mundial de guerra y sufrimiento, con una Franja de Gaza asolada y niños iraníes, palestinos y argentinos que mueren o sobreviven entre escombros e injusticias, Messi posa sonriente al lado de un personaje siniestro y genocida. ¿El motivo? El negocio. Las hamburguesas en los estadios, sus restaurantes, los millonarios contratos con las marcas. Todo se sostiene a cambio de poner la cara al servicio de quien garantiza su negocio personal.

No es un acto aislado. Es la misma lógica que lo llevó a negociar a espaldas de cualquiera que se interpusiera en su camino, como hizo con la marca que lo viste, traicionando lealtades en pos de un mejor contrato. Si el Mundial se jugara en el infierno, Messi estaría allí si el negocio de los patrocinadores se lo pidiera. Y se lo pidieron. La foto con Trump es solo la confirmación de que su brújula moral apunta únicamente al norte de sus intereses económicos.

 Foto: Cesar10N – Caricaturista (Redes: X · DeZurdalAngulo  -  Instagram / Facebook: dezurda_alangulo) 

Pero este pragmatismo extremo tiene un precio. En Argentina, nuestra identidad está atravesada por el espíritu maradoniano: el de un fútbol rebelde, popular y con conciencia. Messi, con este gesto, se aleja de esa herencia y se gana un gran quilombo con su propio pueblo. Y no solo en Argentina. El mundo está en guerra. Las guerras no son eventos con fecha de inicio y fin en un calendario; se prolongan, mutan, pero los bandos en pugna mantienen viva la memoria de quienes están de un lado y del otro.

La venganza y el rencor se llevan en la sangre, especialmente cuando está en disputa la vida misma. Y la memoria, sobre todo en tiempos de matanzas y genocidios, queda a flor de piel. Al abrazar al verdugo, Messi no solo se mancha, sino que les dice a las víctimas que su sufrimiento no vale tanto como su próximo contrato. Esa foto no es una instantánea más, es una declaración de principios. O, mejor dicho, la declaración de que ya no le quedan principios por los cuales luchar.