El fútbol y la pelota: Más de un siglo de lucha que supieron conseguir
Más de un siglo de historia, prohibiciones y resistencias. El fútbol femenino argentino se construyó a fuerza de convicción: mujeres que se animaron cuando nadie las alentaba, que resistieron cuando todo estaba en contra, y que jamás dejaron de patear la pelota. Hoy, una liga que crece a paso firme mantiene viva esa llama. Esta es la historia de las que nunca se rindieron.
El 27 de octubre de 1991, ocho equipos escribieron una de las páginas de la historia que había sido negada durante décadas. River Plate, Boca Juniors, Independiente, Excursionistas, Deportivo Español, Deportivo Laferrere, Yupanqui y Sacachispas se presentaron en lo que fue el primer torneo oficial de fútbol femenino organizado por la AFA. Aquel campeonato, no fue un regalo: fue el resultado de años de lucha silenciosa, de mujeres que se organizaron cuando nadie las quería, y de un contexto que obligó a mirar lo que siempre había ignorado.
La profesionalización llegó casi tres décadas después. El 16 de marzo de 2019, la AFA y Futbolistas Argentinos Agremiados firmaron un acuerdo histórico que estableció ocho contratos profesionales por plantel en los dieciséis clubes de la máxima categoría. Fue el reconocimiento definitivo a jugadoras que durante años compitieron por amor a la camiseta, sin salarios, sin respaldo médico, sin garantías laborales. La medida no solo transformó las condiciones materiales del fútbol femenino: también legitimó una práctica que había sido sistemáticamente excluida del relato deportivo nacional.
Los orígenes
Pero para entender cómo se llegó hasta aquí, hay que retroceder mucho más atrás. En octubre de 1913, en el predio de la ex Rural de Rosario, el Club Fémina organizó un partido entre “Las Rosas” y “Las Celestes” a beneficio del Asilo de Canillitas. El diario La Capital lo anunció como “por primera vez un partido de fútbol jugado por mujeres”. Una década después, el 12 de octubre de 1923, la vieja cancha de Boca en Ministro Brin y Sengüel fue escenario de otro hito: Argentinas venció 4-3 a Cosmopolitas ante 6.000 espectadores, en su mayoría mujeres.
Lo que vino después fue un silencio de casi tres décadas. Entre los años treinta y cuarenta, el fútbol femenino desapareció de los registros periodísticos y de los archivos oficiales. No hubo ligas, no hubo torneos, no hubo crónicas. Pero las mujeres no dejaron de jugar: lo hacían en clubes de barrio, en canchas de tierra, en partidos que nadie filmaba ni contaba.
Ese silencio empezó a romperse a finales de los años cincuenta. El fútbol femenino reapareció, pero ya no como juego espontáneo sino como espectáculo comercial. Se organizaban “torneos relámpago” para partidos de exhibición. Las mujeres eran obligadas a humillarse a cambio de dinero. Ese contexto de explotación fue el que, años más tarde, impulsó la creación de la primera institución que intentó organizarlas y protegerlas.
En 1966, los equipos femeninos de River y Boca realizaron una gira por el norte argentino. Los medios locales elogiaban la técnica de las jugadoras, pero no dejaban de mencionar que “además de jugar bien, eran bonitas”. Ese detalle, aparentemente menor, reflejaba el sesgo de una época que todavía no podía mirarlas solo como futbolistas.
El 30 de agosto de 1968, el doctor Julio Mondria, director general de Asistencia Social de Mar del Plata, respondió a una propuesta para realizar un partido femenino a beneficio del Hogar Municipal de Ancianos con una carta que hoy resulta estremecedora. El funcionario advirtió que enviaría inspectores con fuerza pública para suspender cualquier partido.
Sin embargo, la prohibición no detuvo nada. El 13 de enero de 1973, en el estadio General San Martín de Mar del Plata, Alvarado enfrentó a Tandil en un partido que quedó en la memoria. La pelota siguió rodando, a pesar de las cartas, los inspectores y las leyes que pretendían encerrar a las mujeres en el hogar. Ese partido fue una respuesta silenciosa pero contundente: el fútbol femenino existía, resistía y no pensaba pedir permiso para seguir jugando.
La piedra fundacional contra los piratas
El Mundial de México 1971 fue el otro gran antecedente. Un grupo de diecisiete futbolistas argentinas viajó sin entrenador, sin médico y sin botines para disputar un torneo que la FIFA no reconocía. Se vendieron pertenencias y cosieron sus propios números a las camisetas para costear el viaje. El 21 de agosto de 1971, en el Estadio Azteca, ante 110.000 personas, Argentina goleó 4-1 a Inglaterra. Los cuatro goles los marcó Elba Selva, una zurda que trabajaba en una fábrica de alambres y que mantuvo oculta su hazaña durante casi cinco décadas.
Esa fecha es hoy el Día de la Futbolista Argentina. La Ley Nacional 27.596, promulgada en diciembre de 2020, oficializó el 21 de agosto como homenaje a Las Pioneras, como se autodenominó aquel grupo. Pero el reconocimiento llegó tarde: muchas de ellas ya no estaban para verlo, y las que sí, como Betty García, recordaban que “nos mandaban a lavar platos, pero cuando nos veían jugar se callaban”.
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En 1986, la publicista Lilian Fadel y la productora Nils Altuna fundaron la Asociación Argentina de Fútbol Femenino. Ninguna de las dos había jugado al fútbol. Su motivación no fue el deporte en sí, sino el maltrato que presenciaron al ser invitadas a torneos donde las jugadoras eran humilladas a cambio de dinero. Crearon un reglamento, organizaron torneos y gestionaron atención médica, ayuda para madres solteras y acceso a comedores. Financiaban todo con su propio dinero; el departamento de Altuna fue la primera sede de la AAFF. Fue ese trabajo silencioso el que creó el ecosistema que la AFA finalmente reconoció en 1991.
Hoy, la Primera División A tiene dieciséis equipos, dos torneos cortos por año y una final única que otorga un cupo a la Copa Libertadores Femenina. La Primera División B funciona como segunda categoría desde 2016, con ascensos y descensos que estructuraron una pirámide impensada hace tres décadas. La Copa Federal se disputa en paralelo, y la Comisión de Fútbol Femenino tiene poder de decisión dentro de la AFA.
Ese crecimiento también se mide en el plano internacional. La Copa Libertadores se disputa desde 2009. En el plano de las selecciones, Argentina disputó cuatro Copas del Mundo (Estados Unidos 2003, China 2007, Francia 2019 y Australia/Nueva Zelanda 2023) y ya aseguró su presencia en Brasil 2027, la tercera clasificación consecutiva. Hace apenas unos días, el Mundial Sub-20 de Polonia volvió a poner el nombre argentino en la conversación: Annika Paz fue Botín de Plata con cinco tantos.
Con más de 100 años de lucha, el camino desde aquel encuentro hasta hoy estuvo marcado por la precariedad, la indiferencia y la resistencia, no imaginaron que estaban abriendo una puerta que nunca más se cerraría. Tampoco lo imaginaron Nils Altuna y Lilian Fadel cuando fundaron la AAFF en 1986, ni Elba Selva cuando convirtió cuatro goles en el Azteca. Pero el fútbol femenino argentino existe porque ellas, y tantas otras, se negaron a aceptar que la cancha no era su lugar.