El FMI bendice el saqueo

01 de agosto de 2026
Mariano Luna

Mariano Luna es licenciado en comunicación social de la Universidad Nacional de la Patagonia (UNP). Ha colaborado en medios patagónicos en materia energética. 

La directora del Fondo Monetario Internacional recorrió Loma Campana junto a Caputo y Marín. El gobierno lo celebró como un respaldo. Lo que no se dijo es que la visita es un gesto hacia los mercados, no hacia el desarrollo argentino. Y ocurre mientras el mismo gobierno remata represas, centrales térmicas y la capacidad de decidir sobre nuestros recursos. Vaca Muerta no es una "usina de dólares": es el nuevo eslabón de una cadena de dependencia que se construye sobre el desguace del Estado y el sacrificio de los territorios.

Kristalina Georgieva llegó el martes 28 de julio a Neuquén. La directora gerenta del Fondo Monetario Internacional aterrizó en el aeropuerto Juan Domingo Perón a bordo de un Learjet 60 de la Fuerza Aérea Argentina, acompañada por el ministro de Economía, Luis Caputo. Desde allí, la comitiva se trasladó en helicóptero hasta Loma Campana, el bloque más emblemático de Vaca Muerta, donde la esperaba el presidente de YPF, Horacio Marín.

El operativo fue milimétrico. Según fuentes oficiales, el viaje se organizó a pedido exclusivo de Georgieva, quien había solicitado conocer personalmente el yacimiento. El gobierno lo tomó como una "ratificación al rumbo económico de Milei". Un funcionario cercano a la Casa Rosada resumió el espíritu de la visita: "Quedó claro con esto que Argentina no necesita otro préstamo, que logró bajar la inflación y que el camino es por acá".

La escena es conocida. Un funcionario del FMI recorriendo un pozo petrolero, rodeado de ejecutivos y ministros, mientras el discurso oficial celebra el "respaldo internacional". Pero la visita de Georgieva no es un acto de fe en el desarrollo argentino. Es un gesto hacia los mercados. Una señal de que el Fondo respalda el modelo, para que los inversores sigan confiando en que la Argentina cumplirá con el pago de la deuda. Vaca Muerta es la garantía. Y en eso, el gobierno de Milei está dando todo lo que pide.

 

El FMI viene a ver la mercancía

Georgieva no vino a conocer la tecnología de YPF. Vino a constatar que Vaca Muerta puede generar los dólares que el Fondo necesita para cobrar. Y el gobierno de Milei está cumpliendo al pie de la letra. El RIGI -el régimen de incentivos que la directora del FMI elogió durante su visita- no es una herramienta de desarrollo: es un mecanismo para garantizar que las corporaciones extranjeras se lleven la mayor parte de la renta, mientras el Estado resigna recursos fiscales y soberanía.

El propio gobierno lo admitió sin querer: "Vaca Muerta despierta una atención a nivel internacional que muchas veces no dimensionamos en Argentina". ¿Y qué es lo que despierta esa atención? No el desarrollo tecnológico, no la creación de empleo, no la industrialización del gas. Es la posibilidad de extraer un recurso estratégico, exportarlo y fugarse las divisas sin dejar nada atrás.

 

La deuda como combustible del modelo

El mecanismo es perverso. Las inversiones en Vaca Muerta no se financian con capital genuino: se financian con endeudamiento externo de las propias empresas. El sector energético se ha convertido en el principal tomador de deuda del país. Como documentó el Observatorio de Energía de EJES, el aumento exponencial del endeudamiento externo del sector y la aceleración de la salida de dólares al exterior por razones financieras son los dos récords de los que nadie habla. El sistema energético revirtió su déficit comercial, pero la mayor parte de los dólares que ingresan se fugan vía pago de intereses, giro de utilidades y deuda intrafirma. El superávit comercial es un espejismo que el propio gobierno usa para justificar un modelo que no derrama.

La deuda externa de las petroleras crece a un ritmo vertiginoso. Y esa deuda, lejos de traducirse en inversión productiva que quede en el país, habilita el giro de dividendos hasta el punto de no quedar nada del superávit comercial. Los dólares entran, se contabilizan, y salen. La Argentina es apenas un territorio de tránsito para el capital financiero.

 

El desmantelamiento energético: la otra cara de la visita

Mientras Georgieva recorría Loma Campana, el gobierno de Milei avanzaba en el remate del patrimonio energético nacional. El mismo día de la visita, ya estaban en marcha los decretos para privatizar las represas hidroeléctricas del Comahue: Alicurá, El Chocón-Arroyito, Cerros Colorados y Piedra del Águila. También el complejo Los Nihuiles en Mendoza y las centrales térmicas de ENARSA.

El mapa del despojo es claro. Infraestructura construida con fondos públicos durante décadas, que garantizaba la generación de base del Sistema Argentino de Interconexión, ahora pasa a manos privadas. El Estado argentino renuncia voluntariamente al control de sus recursos estratégicos. Y lo hace en nombre de la "urgencia fiscal" y la captura de divisas a corto plazo.

La conexión con la visita de Georgieva no es casual. El FMI no solo exige ajuste fiscal: exige reformas estructurales que abran la economía al capital extranjero. Y el gobierno de Milei está cumpliendo al pie de la letra. El desmantelamiento de la soberanía energética no es un efecto colateral: es el objetivo.

 

El extractivismo como territorio de sacrificio

El modelo de Vaca Muerta no es gratis. Tiene un costo social y ambiental que se paga en los territorios donde se extrae el recurso. El Observatorio Petrolero Sur lo documenta con crudeza: mientras los hogares argentinos se endeudan para pagar las tarifas y se recluyen en una sola habitación para pasar el invierno, el gas y el petróleo se exportan a precios de mercado. "Donde antes una familia calefaccionaba el hogar completo, ahora se recluye en una sola habitación para pasar el invierno. Donde se calefaccionaba con estufa eléctrica, se vuelve cotidiana la riesgosa práctica de encender hornallas".

El acceso energético residencial se degrada mientras aumenta la producción para la exportación. Casi la mitad de los hogares en Argentina no accede a la red de distribución de gas natural, y el porcentaje de cobertura va en descenso. Esa situación no escapa a las provincias en las que se extrae gas. Neuquén, la provincia que produce el 70% del petróleo del país, tiene una tasa de pobreza del 44,6%. La riqueza que se extrae del subsuelo no se queda en el territorio. Se fuga.

 

La paradoja de Vaca Muerta: la deuda que no se paga

El argumento oficial es que Vaca Muerta generará los dólares para pagar la deuda. Pero los números no cierran. La deuda con el FMI supera los 57.000 millones de dólares. Las exportaciones energéticas crecen, pero una parte significativa de los dólares que ingresan se fugan vía giro de utilidades, pago de intereses y deuda intrafirma. El modelo solo sobrevive gracias a un endeudamiento creciente que hipoteca el futuro del país.

La pregunta que no se hace en los comunicados oficiales es simple: ¿quién se queda con los dólares que genera Vaca Muerta? No los argentinos. No las arcas del Estado. Los dólares se los llevan las empresas extranjeras que operan bajo el amparo del RIGI, los bancos internacionales que cobran los intereses de la deuda, y los accionistas de las petroleras que celebran sus ganancias en las bolsas de Nueva York y Londres.

 

El colonialismo energético en su máxima expresión

La visita de Georgieva a Vaca Muerta no es un acto de cooperación internacional. Es la consolidación de un modelo que convierte a la Argentina en un apéndice energético de las potencias extranjeras. La formación que produce el 70% del petróleo y el 68% del gas del país no está al servicio del desarrollo nacional. Está al servicio de las necesidades geopolíticas de Estados Unidos y sus aliados.

El RIGI, la desregulación, la privatización de las represas y la sumisión al FMI son parte de un mismo plan: vaciar de contenido la soberanía energética para convertirla en un negocio para unos pocos. Las asimetrías sociales son la contracara de ese modelo. El extractivismo no es desarrollo: es un territorio de sacrificio donde la renta se fuga, los territorios se empobrecen y los hogares se endeudan para sobrevivir.

Georgieva se fue. Caputo y Marín volvieron a Buenos Aires. Los pozos de Loma Campana siguen extrayendo petróleo. Y el gobierno de Milei sigue avanzando en el remate del patrimonio energético. La Argentina, una vez más, está siendo saqueada. Y el FMI, como siempre, está allí para bendecir el saqueo.