¿Dónde estamos parados?
¿Qué pasa cuando un pibe de 15 años mata a uno de 13 dentro de una escuela con un arma sustraída a un pariente? ¿Qué tenemos que pensar, cuando los medios de comunicación buscan culpables y no razones? ¿Qué pasa cuando la sinrazón, cuando las cuestiones que movilizan están asociadas a la salud mental? ¿Qué le pasa en la escuela, un espacio de socialización clave en la construcción de la subjetividad y de ciudadanía para nuestros hijos? ¿Nos preguntamos alguna vez acerca de los valores que queremos compartir en nuestra sociedad?
¿Qué pasa cuando un pibe de 15 años mata a uno de 13 dentro de una escuela con un arma sustraída a un pariente? ¿Qué tenemos que pensar, cuando los medios de comunicación buscan culpables y no razones? ¿Qué pasa cuando la sinrazón, cuando las cuestiones que movilizan están asociadas a la salud mental? ¿Qué le pasa en la escuela, un espacio de socialización clave en la construcción de la subjetividad y de ciudadanía para nuestros hijos? ¿Nos preguntamos alguna vez acerca de los valores que queremos compartir en nuestra sociedad?
¿Pretendemos responder a estas preguntas sin caer en banalidades? ¿Un pibe de 15 puede ser culpable? ¿Podemos ser tan perversos de utilizar un contexto de dolor para instalar discursos punitivos como la baja de la imputabilidad? ¿Podemos esperar a conocer si existe una situación de vulnerabilidad psicológica antes de sacar conclusiones? ¿Por qué acusamos a una persona por una supuesta voluntad de cometer un crimen cuando la ley dice que una persona con problemas psicológicos es inimputable? ¿Qué urgencias tenemos para sacar conclusiones? ¿En qué punto lavamos nuestras culpas acudiendo al circo romano, bajando siempre el pulgar, sin tratar de entender? ¿Hasta qué extremos los medios de comunicación fomentan en lugar de prevenir las situaciones que supuestamente intentan explicar?
¿Cuánto años hace que las estructuras de poder comenzaron a atacar a la escuela pública?¿Los narcos, que también las atacaron, trabajan para esas estructuras? ¿Cuánto abandono sufrió la salud pública en materia de políticas destinadas a los sectores que necesitan asistencia psiquiátrica? ¿Por qué en muchos centros de salud están utilizando camas para el cuidado de pacientes con diferentes patologías psicológicas? ¿Será que la crisis económica deja en evidencia la falta de humanidad del neoliberalismo y la ausencia de garantías constitucionales de la ciudadanía? ¿Es posible que ambos niños sean víctimas? ¿A alguien deja tranquilo que un pibito vaya en cana? ¿En qué nos estamos convirtiendo?
¿Es necesario publicar el video del pibe entrando a la escuela? ¿Es necesario que la información sea acompañada con música dramática? ¿Qué se busca cuando se musicaliza, con un tema lento, al abuelo hablando? ¿A qué estrategia es funcional la hipersensibilización del público? ¿Busca inmovilizar y angustiar al espectador? ¿Por qué los comentarios de usuarios en las redes y en los medios digitales pretenden una justicia sangrienta parecida a la ley del talión? ¿Por qué se elige mostrar a los familiares llorando? ¿Es necesaria esa identificación para justificar la venganza a través de la impotencia? ¿Por qué vende esto? ¿No será una réplica del mercado en el que sólo puede sobrevivir el que tiene?
¿Las infancias y adolescencias no tienen derechos? ¿Por qué una parte de la población cree que ciertos sectores de la sociedad no deberían tener privilegios frente al Estado? ¿Los niños y los ancianos no deberían ser protegidos? ¿El Estado no debería estar presente? ¿La ESI hubiera podido ayudar a poner palabras a esa angustia? ¿No serán necesarios equipos interdisciplinarios en las escuelas? ¿La complejidad de nuestra sociedad no requerirá un abordaje más integral? ¿Puede la educación, y sus trabajadores dejar de ser variable de ajuste? ¿Los funcionarios de turno pueden dejar de echarse culpas en los medios y comenzar a trabajar con las comunidades en las que suceden estos hechos? ¿Se consulta a docentes, directivos, padres, alumnos, para modificar la vida institucional de las escuelas, de los centros de salud, y de todas las áreas que afectan directamente a la comunidad? ¿Los tecnócratas solucionaron algún problema social alguna vez?
¿Qué podemos hacer como sociedad? ¿Qué vamos hacer? ¿Quién se hace cargo de estas situaciones si no es el Estado?
Todas estas preguntas tienen un sentido y muchas respuestas posibles. Algunas más éticas que otras y, por lo tanto, menos redituables. Cuando el Estado tiene como única preocupación la gestión y administración de recursos y ya no cumplir con los preceptos que, producto de la necesidad de unificar y consecuencia de la disputa por el sentido de la vida en nuestra sociedad, quedaron consagrados en nuestra carta magna, queda un hueco institucional que se puede completar fácilmente por el sentido construido por los medios de comunicación o, mejor dicho, la propaganda de los ricos y poderosos de nuestro país. Cuando la utilización de los medios sólo tiene un sentido –el de vender y de promover permanentemente la sociedad de consumo–, todo aquello que no es rentable es combatido.
Lo menos rentable en esta sociedad son las relaciones humanas. Cuando las personas se sienten contentas de construir espacios comunes, se sienten útiles de participar en mejorar la comunidad, se sienten humanos y solidarios ayudando a los más vulnerables, se sienten felices de compartir un espacio de cultura, de baile, de música, de teatro o simplemente una joda de fin de año. En esas situaciones pierde sentido aquello que podemos comprar. En tiempos en los que nos cuesta estar juntos, en que es compleja la comunicación, en que no respetamos las diferencias, el desencuentro produce agresividad y el odio provoca cada vez mayor soledad.
La destrucción de las funciones sociales del Estado tiene consecuencias que comienzan a ser visibles en todos sus estratos. Analizar este hecho como algo aislado sólo nos aleja del problema de hacer la vista gorda a los recortes sucesivos, al ataque frontal a los maestros y a todos los empleados públicos. La ausencia de personal que pueda abordar la complejidad de las problemáticas con las que conviven todos los días quienes trabajan para el Estado en los barrios, desprotegidos, abandonados y sin recursos. Es más de lo mismo. El neoliberalismo que carga todos sus déficits sobre personas de carne y hueso a las que encima estigmatiza y golpea en las manifestaciones.
Los pibes son víctimas. Ambos, en este caso. Siempre, en todos los demás. Tratar este tema con respeto es antes que nada informar lo básico. Y a medida que tenga más información, avanzar en la dilucidación de un tema muy complejo en el que los actores sufren. Esquivarle a las conclusiones apresuradas es un modo en el que se respeta el dolor de una comunidad que no está preparada para que nos sucedan estas cosas. Pensar que nos podría haber pasado a cualquiera es un modo de humanizar a las personas involucradas, de habilitar un espacio para pensar entre todos la manera de que no vuelvan a pasar.
Hablar con las y los jóvenes es un imperativo que queda en evidencia cuando suceden acontecimientos de estas características. No demonizar a los jóvenes es algo que tenemos que aprender. Gran parte de sus frustraciones, de sus deseos, de sus posibilidades están relacionadas con la realidad competitiva al infinito en la que los hemos metido. Y otra gran parte tiene que ver con no haber compartido con ellos nuestra propia impotencia, nuestra propia incapacidad de cambiar las cosas. Quizás es hora de mostrarnos con todas nuestras debilidades, con todas nuestras impotencias para que se den cuenta de que detrás de un padre o una madre que intentó darles todo, hay una persona que vive sufriendo su propia incapacidad de mostrar lo que le pasa.
Publicado en el semanario cooperativo El Eslabón del 4/4/26, integrante junto a InfoNativa de Fadiccra. #PeriodismoCooperativo
