Darío Santillán, oxidarse o resistir

24 de junio de 2023
David Acuña

David Acuña, historiador, profesor y militante peronista. 

Se cumplen 21 años de la Masacre de Avellaneda. En medio de un contexto nuevamente adverso para las mayorías populares en la Argentina, el profesor David Acuña pone el foco en aquella generación política que batalló contra el neoliberalismo en la Argentina, poniendo el cuerpo.

1) Represión y Twitter

Si algo le faltaba a la Argentina gobernada por el FMI, donde el poder adquisitivo de los salarios se licua en las góndolas de los grupos económicos, era la brutal represión sobre los trabajadores a manos de Gerardo Morales para que las postales del 2001 vuelvan a nuestras retinas. Y tanto es así que, en un climax de gorilismo brutal, Patria Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta -que compartieron junto a Morales el equipo de gobierno de Fernando de la Rúa- prometieron llevar su modus operandi a escala nacional en el caso de que Juntos por el Cambio salga vencedor de las próximas elecciones presidenciales.

Y mientras Sergio Massa mendiga de Washington a Pekín la entrada de divisas al país con las cuales afrontar los pagos de la Deuda, el resto del ahora “Unión por la Patria” compite en ver quién manda el twitter con más punch para decir que hace algo por los laburantes jujeños y las comunidades originarias… mientras “like, estados de whatsapp y retwittes” van y vienen por la realidad líquida, nadie frena las razias de las patotas policiales en Jujuy.

2) Del aburrido Fernando al Zabeca de Banfield

El resultado de las políticas menemistas fue la contracción del aparato productivo nacional a su mínima expresión, la primacía del sector financiero-especulativo, el obsceno endeudamiento externo y alineamiento con el capital extranjero, un 36% de pobres, un 10% de indigentes, un 38% de trabajadores precarizados y una desocupación alrededor del 18%. Este panorama se agrava durante el gobierno de Fernando De la Rúa quien con sus planes de Blindaje y Megacanje, profundización del endeudamiento externo, Ley de Déficit Cero, recorte del 13% a las jubilaciones, flexibilización laboral, más ajuste y Corralito, provocan el estallido social de diciembre de 2001 ensangrentando las calles porteñas con 39 muertos a manos de la policía.

El 1 de enero de 2002, sin contar con el voto popular, asume la presidencia de la Nación el senador justicialista Eduardo Duhalde quien pone fin a la ley de Convertibilidad, pero sin poder frenar la crisis social y económica. A mediados de 2002 la desocupación rondaba en un 21%, mientras que la pobreza y la indigencia afectaban al 54% y 27% de la población, respectivamente. En ese contexto, los movimientos sociales y la militancia organizada, a los cuales se le sumaron las asambleas populares, siguieron movilizándose en la calle contra las políticas estatales pro-mercado y de respaldo a bancos y empresas de servicios.

El 17 de junio, bajo la consigna expresada por el mismo Duhalde “hay que ir poniendo orden”, se realiza la reunión de las diferentes fuerzas de seguridad federal con miembros de las FF.AA., la Policía de la provincia de Buenos Aires y la SIDE. De la misma, también participaron Juan José Álvarez (ex agente de la SIDE y Ministro de Justicia y DD.HH.), José Matzkin (Ministro del Interior), Alfredo Atanasof (Jefe de Gabinete), Jorge Vanossi (Ministro de Defensa) y Felipe Solá (gobernador de la Provincia de Buenos Aires), entre otros. En dicha reunión se evaluó la situación social y, en particular, el operativo que habría que montar ante la inminente movilización convocada por diversos grupos que convergían en rededor de la Asamblea Nacional Piquetera (la cual, se reuniría entre el 22 y 23 de junio para acordar un Plan de Lucha y movilización para el día 26 bajo la consigna “Fuera Duhalde. Fuera el FMI. Que se vayan todos”).

3) Darío, el militante que puso el cuerpo

El 26 de junio, la Policía Bonaerense cumpliendo las órdenes operacionales bajadas de la reunión del día 17, procedió a reprimir la protesta social en cercanías del Puente Pueyrredón. Es entonces, que los policías bonaerenses Alfredo Luis Fanchiotti (comisario), Alejandro Acosta (cabo), Carlos Quevedo (principal), Lorenzo Colman (cabo), y Marcelo de la Fuente (suboficial), fusilan a los militantes Maximiliano Kosteki y Darío Santillán.

Maxi recibió el impacto en el pecho, mientras que, a Darío, Fanchiotti lo escopetéa cobardemente por la espalda cuando éste estaba asistiendo a su compañero. Con Maxi ya sin vida, los policías se encargan de golpear en el piso el cuerpo agonizante de Darío… Darío moría por ponerle el cuerpo al enemigo, por volver sobre sus pasos protegiendo al compañero, siendo toda solidaridad y coherencia. Maxi y Darío morían por hacerse cargo de que, en la militancia revolucionaria, si es verdadera, se pone el cuerpo para refrendar en actos lo que se dice con la boca. La coherencia militante no sabe de redes sociales ni de indignaciones extemporáneas.

Al día de hoy, la responsabilidad política de Eduardo Duhalde y Felipe Solá, como la del resto del funcionariado que intervino en la diagramación de la represión sigue impune.

4) Jujuy, ¿escenario de un nuevo ALCA?

Fernando Esteche, Director de PIA Global, advierte en esta nota del 23/06/23 que la política represiva y la reforma de la Constitución provincial llevada adelante por el gobernador Gerardo Morales son acordes con la consolidación de un modelo económico extractivista y colonizante hecho a medida de las necesidades de la cadena de suministro del mercado estadounidense: “Cuando hablamos de nuevo ALCA no lo hacemos en referencia al intento de un área de libre comercio que fue enterrado como tal en Mar del Plata en 2005, sino al complejo dispositivo de saqueo imperialista que busca la apropiación del Agua, el Litio, los Combustibles y los Alimentos”.

Jujuy es un eslabón más en la cadena de sojuzgamiento nacional que el capital extranjero está colocando alrededor del cuello de la Argentina. Soja, cereales, carnes, hidrocarburos, metales, tierras raras, litio, drogas y prontamente el agua, se irán cada vez más en la bodega de buques extranjeros sin que el Estado ejerza su derecho de control y regulación.

Visto de esta forma, los twitters modositos de unos y la verborragia fascistoide de otros, parecen encontrar una coordenada común en la cual se debate sobre las formas de la colonialidad sin afectar el estatuto del coloniaje.

5) Oxidarse o Resistir

Darío Santillán fue parte de una generación política que se formó dándole pelea al neoliberalismo enseñoreado en el Estado y hecho sentido común social. Consciente de que la justicia social y la liberación solo pueden sustentarse con el concurso organizado del pueblo, despreció arar con bueyes ajenos y tomó la senda más difícil y ardua, la de construir poder popular. Y es por esto, que Darío es una figura incómoda para quienes se abalanzan en un frenesí de listas y candidatos cambiando de collar sin dejar de ser perros.

Estamos ante una crisis social, económica, política y cultural profunda de nuestro país. Y también, ante un cambio de ciclo en las formas por las cuales el capital explota a los pueblos del mundo. Ojalá, la militancia política del campo nacional, pueda encontrar en la coherencia ética y en los valores morales de Darío y Maxi, el combustible necesario para volver a ser el viento que todo lo empuje por Trabajo, Dignidad y Cambio Social.

 

“Tenemos

este camino

sin más para elegir

que oxidarse o resistir”.

(…)

“Impedir que para el futuro mueran

es encender una vez más

el fuego vivo que este entorno limpiará.

Acércate”.

                                             -Hermética-