Crisis y desafíos

22 de junio de 2024
Fernando Gomez

Fernando Gómez es editor de InfoNativa. Vicepresidente de la Federación de Diarios y Comunicadores de la República Argentina (FADICCRA). Ex Director de la Revista Oveja Negra. Militante peronista. Abogado.

“Que no se oiga ya que los ricos devoran a los pobres, y que la justicia es solo para aquellos” nos enseñó alguna vez Manuel Belgrano, que desde algún lugar nos demanda desandar el tiempo presente en el que su memoria, encuentra un personaje como Javier Milei impostando su homenaje y a los intereses foráneos, empujando a nuestro pueblo a una crisis profunda.

El 14 de noviembre de 2023, hace apenas siete meses atrás, Javier Milei protagonizaba el cierre de su campaña presidencial en la localidad de Rosario con una caravana y un acto en el monumento a la bandera. Cronistas entusiastas de los medios hegemónicos de la comunicación, repetían en forma homogénea que “una multitud” había participado de la jornada, en cuyo cierre, un manifestante le acercó una bandera de Israel, que Javier Milei agitó entusiasmado en pleno sitio de homenaje a Manuel Belgrano.

En apenas siete meses, el experimiento político que tiene a Javier Milei en la presidencia, transformó aquel entusiasmo que acompañó la caravana y el acto en Rosario en un puñado de manifestantes, con notorios desarreglos mentales, que terminaron entreverados entre funcionarios y familiares de los cadetes de liceos militares que juraron la bandera, como postal de un acto institucional que lo encontró al presidente leyendo un breve discurso, apurado por volver a abandonar el país para seguir cosechando reconocimientos fantasmas.

En apenas siete meses, Javier Milei pasó de mostrarse rodeado de pastores evangélicos, militantes libertarios, históricos dirigentes de la UCeDe, militantes del PRO santafesino, a realizar una lectura monocorde de un discurso, con enorme distancia de la escasa concurrencia y gozando de una custodia inaudita para evitar el reclamo de una potente movilización popular que repudiaba su visita. Con evidente prudencia, al menos, alguien evitó que agitara una bandera extranjera el día en que se celebraba el día de nuestro pabellón nacional.

La estética del plano corto para exhibir al personaje que ocupa los atributos presidenciales, la crónica fabricada por las usinas corporativas de comunicación que realzan la convocatoria a un “Pacto de Mayo” a realizarse en el mes de julio como un gesto de iniciativa convocante y el relato extravagante de asociar la votación en el Senado a un éxito político del gobierno; son los instrumentos con los que se pretende impostar fortaleza, en un experimento que destila debilidad por donde se lo mire.

Aunque Javier Milei no se entere, durante sus reiteradas ausencias del país, los grupos económicos están trabajando en reemplazo de las tareas que antes descansaban sobre el funcionamiento sistémico de esta raquítica democracia a su favor. Ello, con el único objetivo de transformar en ley un régimen de inversiones que condena a nuestra Patria por treinta años de extranjerización extrema de nuestra economía, un rediseño impositivo asimétrico e injusto, una reforma laboral como premio para que el empresariado local traslade el costo de la recesión a los trabajadores y un blanqueo de capitales a la medida de la delincuencia empresaria que hace negocios en el país.

En pocos días, la Cámara de Diputados habrá de ratificar su proyecto original y cumplir con las recomendaciones de la la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham), que en un reciente comunicado “consideraron insuficientes las modificaciones alcanzadas en capítulos centrales como el laboral y el régimen de inversiones, al tiempo que criticaron los aumentos de las regalías mineras” y sostuvieron “Todavía quedan pendientes reformas integrales y de profunda transformación para hacer de Argentina un país viable”.

Cuando las pretensiones de Estados Unidos se transormen en ley, la recesión económica apenas estará comenzando, la desocupación empezará a golpear con más virulencia y menos derechos, las presiones por una nueva devaluación se agitarán con mas vehemencia en las corridas, las pretensiones de acceso libre a los dólares para fugarlos de la Argentina se agolparán en el Banco Central, el deterioro de los bonos provocará una crisis financiera y cada día que pase, las condiciones de vida de nuestro pueblo irán sumando capítulos a una tragedia social dolorosa e injusta.

La única esperanza que esgrimirá el gobierno será la de estar próximos a recibir grandes inversiones en dólares que acomoden el desastre económico que dejan a su paso.

En enero de 2001, Cavallo y Sturzenegger firmaron el decreto 648/01 para realizar un “megacanje” de bonos que importó un crecimiento exponencial de la deuda externa. El objetivo era hablitar un “Blindaje” financiero del FMI que jamás llegó. Ningún dólar recibió la Argentina para acomodar las cuentas con las que De La Rúa sostenía que era “lindo dar buenas noticias”.

Las crisis son inevitables frente a la dimensión de ajustes más modestos -incluso- que el encarado por los grupos económicos al amparo del idiotismo ideológico que encarna Javier Milei, quien parece estar convencido que su descabellado discurso en el Foro de “Davos” modificó el rumbo político en Europa, pero no logra comprender racionalmente el estado de alarma que atraviesa el experimiento que lo tiene sentado en el vértice del gobierno.

 

Especialistas en gestionar las crisis

El capitalismo tiene la experiencia suficiente de encontrar la arquitectura política necesaria que le  permita, frente a una crisis, gestionarla para evitar tener que resolverla en perjuicio de sus propios intereses.

Este tiempo de acentuado interés de Estados Unidos en los bienes comunes y recursos estratéticos de nuestra Patria para el redespliegue geopolítico que encara, cuenta con la ventaja comparativa de otro tiempo histórico de tener un sistema político que se pelea para morder los negocios periféricos que ofrecen al paso del saqueo que ejecutan.

Desvergonzados como De Loredo que adelantó que votará conforme las exigencias de la AmCham, y ratificará privatizaciones y mayores ventajas al RIGI, lo hará bajo una retórica opositora que le autorice fingir demencia en unos meses y ofrecer sus servicios ante el deterioro que acompañará la inevitable crisis que se avecina.

Gobernadores que fingen desencanto frente al ajuste en obra pública y transferencias a las provincias, pero acomodan diputados y senadores para que levanten la mano para aprobar el régimen de saqueo previsto en el RIGI, con la esperanza de quedarse con algún negocio vinculado a los servicios que se le prestan a firmas multinacionales.

Incluso, en el desnaturalizado espacio dirigencial e institucional del peronismo, con más vergüenza que desvergüenza, se agolpan o esconden personajes que, mientras lloran o denuncian, tejen articulaciones para garantizar que la crisis se gestione bajo el amparo de personajes que tienen fluída interlocución con las pretensiones de los grupos económicos que exponen los intereses norteamericanos en el país.

En definitiva, la gestión de las crisis económicas, políticas, sociales e institucionales, son la forma recurrente en que este sistema autoproclamado democrático logra evitar resolver los problemas estructurales de una Patria al servicio del extranjero, y un Pueblo cuyo bienestar es sacrificado en el altar de la rentabilidad de un puñado de mastodontes empresarios.

 

Apenas un hilo

El sistema político, sus analistas a sueldo, los fabricantes de sondeos de opinión pública y los medios hegemónicos de comunicación, naturalizan la anomalía de este tiempo que forjaron y sospechan el devenir de los acontecimientos, dentro del funcionamiento que consideran lógico a la luz de la experiencia que han acumulado.

Sin embargo, el hilo de los acontecimientos globales, es mucho más delgado que en otras experiencias de crisis pasadas.

La disputa geopolítica que exhibe crisis en un Occidente colectivo cada vez más reducido en sus homogeneidad y con una injerencia cada vez más secundaria por fuera de las fronteras de influencia de los Estados Unidos, está cristalizando la fortaleza económica, política y la capacidad de influencia en latitudes que alguna vez fueron consideradas “potencias emergentes”. Los BRICS auspician la debacle del dólar y la crisis de la arquitectura “del mundo basado en reglas”.

Las disputas de este tiempo han acentuado una crisis interna en Occidente que empieza a encontrar la reivindicación del nacionalismo y el fortalecimiento del Estado, como instrumentos políticos adecuados para afrontar el tiempo de declino del modelo de acumulación impuesto por Estados Unidos.

Un programa Nacionalista, que implique una férrea planificación con el Estado como centralidad, no son aspectos nostálgicos alguna vez proclamados por Juan Perón. Exponen la oportunidad de un futuro próximo para un país como la Argentina, que necesita en forma ineludible salir del atolladero al que nos ha empujado la extranjerización de nuestra economía y el colonialismo de la “realpolitik”.

La dinámica de la democracia liberal, representativa y adicta al sufragio de candidaturas absorve los costos de la brutal crisis de representación política que atraviesa un Occidente plagado de liderazgos débiles o en crisis. Estados Unidos ha llegado al paroxismo de tener un presidente que no tiene momentos lúcidos, y se ofrece como continuidad para una reelección a sus 81 años, exhibiendo como nunca que las decisiones en esta democracia por ellos diseñada, las decisiones se toman en espacios que no son elegidos por nadie.

En nuestro país, la naturalización de Javier Milei y el conglomerado de problemas que habitan en su cabeza, ha puesto frente al abismo el sentido propio de la representación institucional. La subordinación al experimiento que lo encuentra en la presidencia del radicalismo y el PRO, tienden a generar enormes costos para la resolución simbólica de una eventual crisis.

En las filas opositoras, la crisis de representación se explica en la evidente y enorme distancia que existe entre un movimiento nacional que se aglutina en la calle y no encuentra sentido a las acciones institucionales de aquellos que destilan impotencia y encuentran en sus propios intereses electorales, toda explicación a los males presentes que nos atraviesan. Como si ser protagonistas en las listas, fuera a resolver los problemas de un movimiento nacional flagelado por la desertificación ideológica de su dirigencia.

Como si llenar las bancas en el Congreso transformaría el transcurrir individual de la dirigencia en algo mas que en las imágenes de impotencia que exhiben cuando no pueden frenar una ofensiva colonial expresada en ley, siquiera aún, defender a sus votantes de ser reprimidos y encarcelados sin mas razón que la prepotencia de un gobierno que exhibe debilidad.

 

Desafíos

La semana pasada, Lucas Molinari desde su panorama sindical en Radio Gráfica realizaba un rescate histórico indispensable para pensar en clave de futuro los desafíos del peronismo. Fue en búsqueda de un texto de Rodolfo Puiggrós llamado “La Democracia Fraudulenta”, en la que ponía bajo la lupa la década infame.

En ese texto, Puiggrós describía la impotencia de la representación institucional del “Senado de la decadencia” para frenar la extranjerización de nuestra economía y menciona la oposición de Nicolás Lisandro de la Torre que le valdría una tentado en su contra, aunque lo identifica -aún como opositor- como una parte integral de un sistema en ruinas. “De la Torre se alejó, con justificado desprecio, del “Senado de la decadencia”. No dijo, ni podía decirlo sin negarse a sí mismo, que la decadencia del Senado era apenas el reflejo de la decadencia integral del liberalismo en la teoría y en la práctica”, sostiene Puiggros.

La década infame se cerró con los preludios del peronismo. Aquella “sociedad que se sentía económicamente expoliada y políticamente engañada” a la que hacía referencia Puiggros, empezó a encontrar las respuestas materiales y la convocatoria ética suficiente para llegar a protagonizar luego el 17 de Octubre de 1945.

“Sólo un Estado totalitariamente popular podía disponer de la libertad, la independencia y el poder indispensables para emancipar la economía argentina nacionalizando sus sectores básicos” sostuvo Rodolfo Puiggrós exaltando un debate que, a la luz de un presente plagado de decadencia, vuelve a tener encarnadura de futuro.

El peronismo, y el conjunto del Movimiento Nacional, precisa volver a pensarse como instrumento adecuado para diseñar una arquitectura política que permita transformar en realidad las potencialidades nacionales y concretar las expectativas populares.

Algo bastante simple, por cierto. Y mucho más profundo que reclamar una lapicera para anotar un nombre en una lista u ordenar el devenir de un tiempo de crisis, en torno las expectativas personales de tal o cual dirigente.

Enfrentar el saqueo, desafiar complicidades, exhibir la impotencia y los fundamentos de la crisis que autorizaron este doloroso presente y, sobre dichos fundamentos, pensar el futuro de la Patria que seguimos soñando. En definitiva, como nos enseñó Manuel Belgrano “El miedo sólo sirve para perderlo todo.”