Corporaciones contentas, pueblos con frío: El combo del saqueo energético
La Corte Suprema blindó a las petroleras contra demandas vecinales, mientras el Congreso dio media sanción para eliminar la Zona Fría. Cuatro de cada cinco diputados neuquinos votaron a favor. El gobernador Figueroa, que festeja el aumento de regalías por la guerra, no dice nada. El modelo extractivista no derrama: Vaca Muerta exporta, la provincia se queda con la pobreza.
La Corte Suprema de Justicia acaba de darle un nuevo cheque en blanco a las petroleras que operan en Vaca Muerta. El máximo tribunal rechazó una demanda vecinal contra un grupo de empresas por los impactos ambientales y sociales de su actividad en la provincia del Neuquén. El fallo, que aún no se conoce en detalle, sienta un precedente peligroso: las corporaciones pueden seguir extrayendo el recurso sin rendir cuentas a las comunidades que soportan el peso del saqueo.
No es un hecho aislado. Es la lógica de un sistema donde el Poder Judicial, el Congreso y los gobiernos provinciales se alinean para proteger los intereses de las empresas extranjeras y concentradas, mientras los ciudadanos neuquinos —especialmente los de los barrios periféricos y las localidades del interior— pagan las consecuencias.
La Zona Fría: un derecho que se apagan antes del invierno
En el mismo día en que se conocía el fallo de la Corte, la Cámara de Diputados de la Nación dio media sanción a la derogación del régimen de Zona Fría. Cuatro de cada cinco diputados neuquinos votaron a favor de eliminar el subsidio que garantizaba tarifas de gas más accesibles para los habitantes de las provincias patagónicas y de la cordillera. El dato es escandaloso: la provincia productora por excelencia de gas —la que recibe cuantiosas regalías por cada molécula que se extrae de Vaca Muerta— votó para que sus propios ciudadanos paguen más caro el combustible que necesitan para calefaccionarse en pleno invierno.
La diputada que responde al gobernador Rolando Figueroa acompañó la ley. No hubo sorpresas. El mandatario neuquín, que se presenta como un "gestor moderno" y un "dialoguista", demostró una vez más a quién responde: a las corporaciones energéticas, no a la gente que vive en los barrios de Neuquén capital, en las localidades del interior o en las zonas rurales donde el gas llega por garrafa —si es que llega.
Mientras tanto, el gobierno de Figueroa festeja en silencio. Según publicó EconoJournal, la recaudación por regalías petroleras en Neuquén aumentó un 50% en abril gracias a la guerra en Medio Oriente, que disparó el precio del barril por encima de los 100 dólares. La provincia embolsó más de 252.000 millones de pesos solo por regalías de petróleo, la principal fuente de recursos corrientes del estado neuquino. El propio Figueroa reconoció que las regalías petroleras son hoy la cima de una "pirámide invertida" de ingresos.
Pero ni una palabra sobre la Zona Fría. Ni una palabra sobre cómo ese aumento de recursos —que llegó por la guerra, no por mérito propio— podría destinarse a compensar a los neuquinos por la pérdida del subsidio. Ni una palabra sobre la contradicción de ser la provincia productora de gas y tener barrios sin conexión domiciliaria.
El modelo extractivista no derrama, concentra
El problema de fondo es que el modelo de Vaca Muerta no está diseñado para mejorar la calidad de vida de los neuquinos. Está diseñado para garantizar la rentabilidad de las corporaciones. Las regalías que tanto celebra Figueroa representan un porcentaje pequeño del valor del recurso extraído. La mayor parte de la renta se la llevan las empresas —extranjeras en su mayoría, o argentinas asociadas a las extranjeras— vía giro de utilidades, pago de intereses por deuda intrafirma y sobreprecios en contratos.
Según el informe de EJES de diciembre 2025, el sector energético generó un superávit comercial de 4.792 millones de dólares en los primeros 10 meses de ese año, pero dos tercios de ese saldo —3.222 millones de dólares— se perdieron por mecanismos financieros: pago de intereses al exterior, fuga de capitales y endeudamiento intrafirma. Es decir, los dólares que entran por la venta de petróleo y gas no se quedan en la provincia ni en el país. Se fugan. Y lo que queda en concepto de regalías es apenas una fracción.
Esa fracción, además, no llega a los barrios. El gobierno de Figueroa destina más del 60% de sus ingresos al pago de sueldos públicos. El resto se reparte entre transferencias a municipios y obra pública. No hay planes masivos de conexión de gas para los barrios populares, no hay políticas de subsidio al consumo para las familias de menores recursos, no hay inversión en vivienda digna. La pobreza en las periferias de Neuquén capital y en las localidades del interior sigue siendo estructural.
La Corte Suprema: un blindaje judicial al saqueo
El fallo de la Corte Suprema que rechazó la demanda vecinal contra las petroleras es la otra cara de esta misma moneda. Las comunidades que viven en zonas de explotación intensiva de Vaca Muerta denuncian contaminación de agua, ruidos permanentes, afectación de la salud y deterioro de la calidad de vida. Pero el máximo tribunal, en lugar de abrir una vía para que esas denuncias sean investigadas, les cierra la puerta. El mensaje es claro: las petroleras tienen vía libre. El territorio es suyo. La gente, que se aguante.
No es la primera vez que el Poder Judicial actúa como escudo de las corporaciones. Durante el gobierno de Mauricio Macri, la justicia ya había fallado sistemáticamente en contra de los reclamos ambientales y vecinales. Con Milei, la sintonía es aún más fina. El "derecho a la propiedad privada" y la "seguridad jurídica" son los argumentos que se esgrimen para justificar lo injustificable: que un grupo de empresas extranjeras pueda explotar un recurso estratégico sin control estatal efectivo, sin rendición de cuentas a las comunidades y sin contribuir al desarrollo humano de la provincia que las aloja.
La tarea pendiente: soberanía energética con justicia social
Lo que ocurre en Neuquén no es una anomalía. Es el modelo extractivista en su expresión más cruda: una provincia rica en recursos naturales pero con altos índices de pobreza, una dirigencia política que se arrodilla ante las corporaciones, un Poder Judicial que blinda la impunidad empresarial y una ciudadanía que paga las consecuencias.
El camino no es seguir celebrando el aumento de regalías mientras se elimina la Zona Fría. El camino es construir una política energética soberana que ponga los recursos al servicio del pueblo, no de las corporaciones. Eso implica, en primer lugar, que la provincia de Neuquén —y todas las provincias productoras— usen su poder de regulación, fiscalización y potestad tributaria para garantizar que la renta del petróleo y el gas se quede en el territorio y se traduzca en mejoras concretas: vivienda, gas en cada barrio, escuelas, hospitales y un ambiente sano.
El gobernador Figueroa tiene la oportunidad de demostrar si está del lado de su pueblo o del lado de las petroleras. Por ahora, sus votos y sus silencios hablan por sí solos. Los neuquinos no se merecen una provincia que les da la espalda mientras los camiones con crudo se van hacia los puertos. Se merecen soberanía. Se merecen justicia. Se merecen calor en invierno sin tener que endeudarse para pagarlo.
