Carlos Fuentealba asesinado, Sobisch responsable
A 17 años del crimen del docente Carlos Fuentealba, se realizó nuevamente la marcha multitudinaria en el Monumento de San Martin, en pleno centro de la Ciudad de Neuquén. Miles de almas conmemoraron aquel hecho aberrante de represión del 4 de abril de 2007 en localidad de Villa Arroyito, con el compromiso de seguir luchando. Ni olvido, ni perdón.
La movilización convocada para el jueves 4 pasado reunió a más de 15 mil, no solo del sector educativo sino la sociedad toda, por el asesinato de Carlos Fuentealba. La calle estuvo cargada de lucha y protesta por el pasado y el presente.
Infonativa participó de la marcha y conversó con Marcelo Gagliardo, Secretario General de la Asociación de Trabajadores de la Educación de Neuquén, Aten. “El Gobierno provincial ejercía un feroz ajuste y tenía como herramienta principal el aparato represivo del Estado” sentenció el dirigente sindical.
Aquel 4 de abril de 2007, luego de un largo proceso de lucha, los docentes decidieron dos cortes de ruta para forzar con esa acción una negociación salarial a la que el gobierno provincial que se negaba a convocar. Uno de los cortes iba a hacerse en Añelo, por la ruta 7, hacia el norte de la capital neuquina; y el otro, en la ruta 22 a la altura del 45 km en Villa Arroyito, a donde nunca se llegó a realizar por el accionar de la policía provincial, a las órdenes del gobernador Jorge Sobisch.
El maestro Carlos Fuentealba estaba en un Fiat 147. El policía José Darío Poblete apuntó al auto con un proyectil de gas, tras esa embestida de represión dio muerte a Carlos Fuentealba, que falleció horas después en el hospital. Este crimen expuso la violencia institucional en la provincia de Neuquén. La represión violenta, no era impedir el corte de ruta o que se abriera la mesa de diálogo, se debió a imponer la mano dura que garantizara el miedo como un triunfo político del gobernador.
Desde 1992 los salarios de los maestros y profesores estaban congelados. A la salida del 2001, con la crisis del neoliberalismo, se habían empezado a recomponer algunos salarios públicos luego de su destrucción. Néstor Carlos Kirchner, asumió la presidencia y en mayo de 2003 viajó personalmente a Entre Ríos para destrabar el conflicto salarial docente. La Nación había comenzado a asistir a algunas jurisdicciones con el módico objetivo de sacar al sueldo docente de la línea de pobreza.
Pero en Neuquén la situación era distinta: la estrategia del Gobernador Jorge Sobisch era mantener una postura confrontativa con el reclamo docente.
En 2006 mandó a desalojar Plaza Huincul por parte de patotas enviadas por el ejecutivo provincial. Durante marzo las movilizaciones de ATEN venían creciendo y sumando apoyos. Una marcha de 200 kilómetros de Zapala a Neuquén Capital había concitado mucha más adhesión de lo previsto. En Semana Santa fue el momento elegido por una Asamblea del sindicato para presionar hacia la apertura de la paritaria. Los medios y otras clases dominantes de la Provincia venían instalando el clima represivo, preparando a través de la estigmatización y deslegitimación el reclamo, hasta la naturalización del uso de la fuerza en su contra. La medida del corte de ruta fue muy discutida, la votación dividida. Carlos Fuentealba, que había votado en contra, fue al corte aquel 4 de abril, respetando la decisión mayoritaria.
Cronología del hecho
El 4 de abril del 2007, los docentes llegaron a localidad de Arroyito, pero la ruta estaba ocupada totalmente por las fuerzas policiales. El jefe del operativo, les anuncio en ese momento a los referentes sindicales que tenían cinco minutos para retirarse del lugar. Sin embargo, no alcanzó a pasar ese tiempo para que comenzara la agresión directa de la fuerza policial. Unos mil docentes corrieron a resguardarse en una estación de servicio cercana. Hasta allí los persiguieron las balas y los gases sin reparar en el peligro extra del combustible. Los dirigentes consiguieron un alto el fuego de una segunda oleada represiva para organizarse y decidir la posibilidad de retirarse. Pero esa tregua fue interrumpida por un tercer avance en el que las camionetas policiales ingresaron en la columna de manifestantes con las puertas traseras abiertas, a través de las cuales disparaban los agentes. Los docentes corrían a subirse a los autos para escapar.
Detrás del Fiat 147 en el que estaba Carlos con otros dos compañeros se paró el Cabo José Darío Poblete. A un metro y medio de la luneta apuntó y descerrajó el proyectil de gas. El pequeño auto se llenó de humo y sangre. La desesperación, los gritos, la sirena de la ambulancia. Carlos Fuentealba fue trasladado al Hospital gravemente herido, en el que moriría al día siguiente.
A partir del otoño de 2007, se logró trazar una línea divisoria entre la vida y la muerte. La campaña para que aquel crimen no quedara aislado ni impune, fue llevada adelante por Sandra Rodríguez, la compañera de vida de Carlos. Entre idas y vueltas, la cúpula policial: Carlos Zalazar, Moisés y Adolfo Soto, Mario Rinzafri y Jorge Garrido, fue condenada por abuso de autoridad y abuso de armas agravado.
“Nuestro objetivo era lograr los más altos niveles de justicia. Y creo que lo logramos, porque enjuiciar y condenar a toda la cúpula policial, junto con el autor material, que eso fue pronto en el 2008, no hay muchos antecedentes. Nos quedará el exgobernador, que obviamente tuvo todo el amparo político para no caer en la justicia ordinaria”, afirmó Gagliardo. En ese marco, también agregó: “Estamos seguros de que tiene una condena social que le pesa, que hoy nadie puede disociar el apellido de Sobich al de Fuentealba, como victimario y víctima, y eso me parece que también es producto de que no se abandonó un solo segundo durante estos 17 años de explicar cuál era el contexto, quién era el responsable político, cómo se actuó y cómo eso no tiene que volver a pasar”.
En la actualidad, el conflicto docente cerró con la aceptación de un acuerdo que apenas es una bocanada de aire para el sector lejos de acercarse al jornal pretendido, como lo describiera la semana pasada la docente, Soledad Saluburu, en este portal (link de la nota).
El aniversario de la muerte de Carlos Fuentealba coincide con el Paro Nacional convocado por la Confederación de Trabajadores de la Educación de la República Argentina (CTERA), donde hubo represión en la Ciudad de Buenos Aries a los docentes y jubilados. La avanzada del Gobierno Nacional, acompañado por los gobernadores adeptos, con la drástica pretensión de achicar el Estado o, mejor dicho, desguazarlo, va a acompañado con la decisión de aplicar el protocolo en la movilización popular de los distintos sectores, como en el 2007.
Sobre esta situación Marcelo Gagliardo expresó: “El eje de hoy es contra el protocolo Bullrich, porque vuelve a estar ahora la política de la represión al conflicto social. Y ese es un retroceso en términos políticos, sociales y culturales que nosotros obviamente lo vamos a combatir” y agregó: “En el día de hoy no solamente recordamos a Carlos y denunciamos lo que
pasó, sino que denunciamos el protocolo y en el marco del Paro Nacional, obviamente los
incumplimientos del Estado Nacional en términos educativos.”