Apuestas deportivas fuera del fútbol brasileño
El presidente Luiz Inácio Lula da Silva participó en la presentación de nuevas medidas para proteger a las familias y la economía popular contra las apuestas deportivas. La fiscalía ha anunciado que las plataformas serán desconectadas, prohíbe nuevos depósitos y que los apostadores recibirán la devolución de sus ganancias.
El gobierno anunció el viernes 25 de septiembre, una medida provisional que prohíbe la exploración, oferta, intermediación y publicidad de apuestas y juegos en línea en Brasil, las llamadas apuestas. A partir de la fecha de publicación de la medida provisional, las plataformas tienen prohibido aceptar nuevas apuestas. Además, se establece un período transitorio para el cese de operaciones de las empresas autorizadas.
Los apostadores tendrán hasta las 23:59 del 5 de octubre para retirar voluntariamente los fondos disponibles en las plataformas. Quienes no realicen el retiro dentro de este plazo recibirán su saldo de vuelta a través de los bancos que operan con las casas de apuestas, entre el 9 y el 14 de octubre. Se prevé que los sitios web y las aplicaciones de apuestas dejen de funcionar a partir del 6 de octubre.
Entre el 7 y el 8, las empresas deberán informar a los bancos sobre los montos depositados en las cuentas de los apostadores, vinculados a sus respectivos números de CPF (números de identificación fiscal brasileños). La devolución de los saldos se realizará íntegramente a través de las entidades financieras. Si existen impedimentos para el reembolso, Caixa Econômica Federal podrá mediar en el pago a los apostadores a partir del 14 de octubre.
El gobierno planea reforzar la supervisión contra las plataformas ilegales y las investigaciones sobre transacciones financieras relacionadas con el juego. La estrategia incluye la identificación y el cierre de sitios web ilegales, el bloqueo de cuentas bancarias utilizadas indebidamente para apostar y la integración de información entre los organismos públicos. El Ministerio de Justicia y Seguridad Pública y la Policía Federal recibirán mayores recursos para apoyar sus acciones de aplicación de la ley.
Tras firmar la Medida Provisional que prohíbe el funcionamiento de los sitios de apuestas en el país, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva afirmó que los sitios de apuestas en línea son un "cáncer" y que es necesario eliminarlos. “Tomé una medida necesaria, dura y drástica. Esto es como el cáncer. O extirpamos el tumor, o nos matará.” Lula también comparó la adicción al juego online con el consumo de crack, afirmando que las familias se están destruyendo y las deudas se vuelven impagables debido a la adicción al juego, también conocida como ludopatía.
El presidente afirmó haber tomado la decisión de la prohibición tras escuchar a su equipo económico, a organizaciones de la sociedad civil y a la ciudadanía. “Le decimos al pueblo brasileño: no permitiremos que las tarjetas de crédito o los juegos de azar los utilicen para gastar dinero destinado a la leche, el pan para sus hijos, la comida y las necesidades básicas de sus esposas. Estamos tratando de evitar que las personas más pobres de este país se maten entre sí por el afán de ganar.”
Fútbol, apuestas y SAF
Respecto a las quejas de varios clubes de fútbol patrocinados por casas de apuestas, Lula señaló que los clubes brasileños habían ganado la Copa del Mundo sin el apoyo de las casas de apuestas, y que la selección brasileña había ganado la Copa del Mundo cinco veces antes de que este mercado llegara al país.
En 2018, se legalizaron las apuestas de cuotas fijas (conocidas como apuestas deportivas) en el país. El plazo para su regulación era de dos años, prorrogable por otros dos. Lula expresó que: “El patrocinio de las casas de apuestas en los clubes de fútbol representa entre el 6% y el 7% del presupuesto de un equipo”. “Lo inaceptable es que un equipo no se dé cuenta de que sus aficionados ya lo apoyan, ya van al estadio, ya compran camisetas para sus esposas e hijos. Además de que los jugadores, que lo dan todo”.
SAF en Brasil significa Sociedade Anônima do Futebol. Antes, todos los clubes eran asociaciones civiles sin fines de lucro, de los socios. No podían quebrar, pero tampoco podían recibir inversión privada. La ley 14.193 que se aprobó en 2021 permitió convertirse en empresa, y cambió todo el fútbol brasileño.
El club, asociación, crea una empresa nueva, la SAF. Le transfiere todos los activos del fútbol: jugadores, marca, estadio, derechos de TV. Y vende el 51% al 90% de esa empresa a un inversor. El club original se queda con un porcentaje chico y con poder de veto en cosas como escudo, colores y sede. Mientras que el inversor está obligado por ley a pagar las deudas laborales y civiles, además de inyectar capital sin información de fondos. Más allá de ese beneficio el inversor se queda con el 90% de las ganancias futuras por ventas de jugadores, TV, premios.
Saltó la ficha en poco tiempo
Botafogo ganó todo en 2024 y a los seis meses no pudo pagar la luz. En abril de este año el tribunal arbitral de Brasil apartó de la dirección al estadounidense, ex dueño, John Textor. La parábola explica mejor que cualquier balance el fin de la primera ola de las SAF. John Textor compró el 90% en 2022 y montó un grupo multiclub con Lyon, Molenbeek y Crystal Palace. Cuando Lyon acumuló 175 millones de euros de deuda y riesgo de descenso administrativo en Francia, el dinero de Río empezó a viajar a Europa sin volver.
La SAF de Botafogo denunció lo que pasó. Los 23 millones de dólares del premio de la Libertadores 2024 y los 33 millones de euros de la venta de Luiz Henrique al Zenit no entraron al club. Fueron desviados a Lyon. En marzo, Botafogo y Vasco, ambos del mismo sistema, tuvieron que pedir préstamos de emergencia para pagar sueldos. Hoy Botafogo tiene 2.700 millones de reales de pasivo, transfer ban de FIFA y prohibición judicial para vender jugadores.
Vasco da Gama vivió la misma historia un año antes. Fue comprado por 777 Partners, el fondo de Miami de Joshua Wander y Steven Pasko. En dos años acumularon ocho clubes: Vasco, Genoa, Sevilla, Standard de Lieja, Hertha Berlín, Red Star, Melbourne Victory y el intento por Everton. La justicia de Nueva York los acusa hoy de un fraude de 500 millones de dólares por duplicar garantías y falsificar extractos para pedir más deuda.
El mecanismo era simple. Ponían a Club como garantía para un préstamo, usaban esa misma garantía para pedir otro, compraban otro club y repetían la rueda. Cuando se cayó el crédito en 2024, no pagaron ni alquileres en Miami. Tuvieron que vender su yate y su avión. El juez Paulo Assed les quitó el control y redujo su participación del 70% al 30%. Ese 30% hoy lo tiene A-CAP, su acreedor.
No son contracaras. Son el mismo caso con distinto momento. Tanto 777 como Eagle Football usaron a Brasil como cajero para salvar a Europa. Uno para tapar agujeros en Italia y Bélgica, el otro para salvar a Lyon. La diferencia es que Vasco explotó cuando no había regulador y Botafogo explotó cuando el regulador ya había aprendido del caso anterior. Por eso la venta actual de Vasco es un laboratorio. Marcos Lamacchia, de Blue Star e hijastro de Leila Pereira de Palmeiras, ofrece más de 2.000 millones de reales por el 90%. Pero no es una venta entre privados. Está bajo tutela judicial, con auditoría externa, subasta pública de UPI Equity y supervisión de la ANRESF, la nueva Agencia Nacional de Regulación de las SAF creada tras la Ley 14.193/21.
La ANRESF abrió un procedimiento de conflicto por la vinculación con Palmeiras e impuso el nuevo estándar que viene: prohibición de negocios directos entre Vasco y Palmeiras, supervisión previa de todo crédito, veto a nombrar directivos vinculados al comprador hasta el cierre y un préstamo de 80 millones que le da al banco poder de veto sobre cualquier cambio de control hasta 2026.
Botafogo muestra qué pasa cuando una SAF opera sin control externo entre clubes. Vasco otra forma de estafa. Los dos usaron la plata de un club para tapar agujeros de otro club del mismo grupo en Europa. Eso se llama caja cruzada. Como eran asociaciones quebradas, firmaron contratos sin controles. Eso fue la privatización del fútbol brasileño.
Es como si River o Boca crearan River S.A. y vendieran el 90% a un jeque. A pesar que no estamos tan ajenos en nuestra tierra que suceda.
Ahora viene una segunda generación de SAF donde ya no alcanza con tener plata. Hay que pasar por el juez, por la ANRESF, por el fair play de CBF y por el banco. Brasil entendió que no vendió solo camisetas, vendió patrimonio social, y ahora intenta ponerle reglas. Es el fin del fútbol sin reglas.
