Paz, democracia y suerte

21 de junio de 2025
Agustín Sosa

Agustín Sosa es locutor, periodista y militante político del Encuentro Patriótico. 

Nuestro país, desde hace un tiempo, es un deseo truncado, todo aquello que algún sector de la sociedad desea se le es concedido, pero no del todo.

Con la democracia no comimos todos, no nos curamos todos y no nos educamos todos, desde Alfonsín para acá, entre promesas de campaña y resultados el saldo que cada gobierno nos dejó siempre fue desfavorable, incluso para los que pensamos que los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Kirchner fueron mejores a todos los otros el saldo termina siendo negativo, un 2015 con un candidato impensado, una derrota anunciada y una muy rápida destrucción de lo hecho nos pueden dar cuenta que era todo mucho más endeble de lo que pensábamos.
Mirándolo desde algún rincón de la oscuridad, aquellos que expresan odio y resentimiento y viven con las tripas revueltas ante cada expresión popular o colectiva tampoco tienen, desde hace tiempo, su venganza deseada, Cristina no muere de un disparo, no deja de existir ni el peronismo, ni la izquierda, ni los sindicatos, ni nada que odian. Cristina está presa, pero en su casa y siendo, todavía, la figura central de la política argentina. Si pensaban que con Milei se acaban la casta y los curros les basta con ver las noticias para saber que no fue así, aunque digan que sí, saben que no.

Todos tenemos, más tarde o más temprano, el escenario social y político deseado, a medias, y ese pareciera ser el verdadero trauma democrático, la idealización de un sistema de representación que creemos debe hacer una sociedad justa pero que en la práctica solo realiza el pleno deseo a los ricos y a aquellos que viven de la democracia y sus resortes institucionales.

Hace unos días, yendo a mi empleo, me tocó viajar parado en el colectivo junto a dos señoras que viajaban sentadas, una rondaba los ochenta años y la otra los sesenta, no se conocían pero el motivo del viaje de ambas era por alguna cuestión de salud, tenían turnos asignados. La más joven expresaba mucho enojo en su monólogo, decía cosas alucinantes que hacen los kirchneristas para no trabajar, le reclamaba a una pariente que seguía cobrando tal beneficio cuando había votado a Macri y a Milei y que eso era por vaga, y vociferaba pestes de los trabajadores del Hospital Garrahan, barbaridades que a las seis y media de la mañana son perturbadoras.
¿Espera algo esa señora de la democracia? ¿Le interesa?
Aquí lo interesante es pensar cómo Milei, aun sin resolverle nada a nadie (nadie del grueso de la sociedad, sí le resuelve a los grupos de poder y a los ricos), puede satisfacer a parte de su electorado solo destruyendo, haciendo que otros también la pasen mal.

Hace unos días la Corte ratifica la condena a Cristina Kirchner, prisión, proscripción y exposición grosera de un sistema judicial patético. ¿Alguien cree en la independencia de poderes que proclama como principio irrenunciable esta democracia?
Desde el día previo al fallo, lo que más pide Cristina es paz, no para ella, sino que todo acto o manifestación en su nombre sea en paz, habla de la democracia, elecciones, más paz, volver con sabiduría.
¿Son Cristina y el círculo político que la rodea los únicos que apuestan a esta democracia como remedio de los males que esta misma democracia generó?